Gracias a todos los lectores de “Dirección Brooklyn” de Hilario Barrero, y gracias a los críticos que realizaron el trabajo de comentar un libro que merece la pena. Estas son algunas cosas que dijeron:

Todos los barrios son iguales, pero también todos tienen algo que los hace diferentes. Hilario Barrero ensaya cien maneras de describir lo que su barrio tiene en común con cualquier otro y lo que lo hace diferente a todos: un olor especial, la luz que se cuela entre un árbol que es como un enorme candelabro de muchos brazos con velas verdes, algunas tiendas únicas en las que venden productos étnicos o difíciles de conseguir, ciertos vecinos, el hombre que limpia la calle, el musgo que crece en un pequeño jardín, la ventana de esa cafetería donde hacen un café fuerte y lleno de sabor, ese restaurante con viejas fotografías de recién casados y niños vestidos de primera comunión? «Vienes de Manhattan un poco perdido», escribe, «cruzando estaciones que a ti te parecen oscuras y frías, sales en tu estación y ya te encuentras seguro». Estás en tu barrio, estás en casa. Hilario Barrero vive en Brooklyn, cerca del Prospect Park y del Jardín Botánico (un jardín de jardines: hay un jardín japonés, otro de plantas citadas en las obras de Shakespeare, uno para niños, otro para ciegos?). De sus paseos por ambos —y por otros muchos lugares— está lleno este libro inagotablemente peripatético.

José Luis García Martin, La Nueva España

 

En los diarios caben tantas cosas que el autor vive en el filo de la confesión interior y la mirada exterior. Hilario Barrero muestra su intimidad púdicamente y es al asomarse a la calle, al arte, a los otros, cuando alcanza su mejor dimensión. Posee una mirada morosa en la que las anécdotas se hacen poesía y vida.

Alberto Piquero, El Comercio de Gijón

Dirección Brooklyn es, ante todo, el daguerrotipo de una vida impulsada por la más noble curiosidad intelectual, atraída por la crueldad y la belleza del mundo, a la vez que erige, indirectamente, un retrato del propio narrador, pues “un diario es la huella dactilar del escritor”.

Simón Viola, Hoy de Extremadura.

Hilario Barrero es poeta, escritor, traductor y profesor de español en una Universidad de Nueva York, ciudad en la que reside desde hace treinta y dos años, y sabe que para descubrir, interpretar, gozar, soportar y aprehender la vida hay que emplear los cinco sentidos y alguno más. Y eso nos enseña en todos sus diarios, con una prosa empapada de poesía, azoriniana a veces, con no pocas pinceladas de sugerentes imágenes, greguerías en ocasiones, pero clara, precisa, reflexiva, serena siempre.

Jesús Aparicio González. Libro de notas.

 

Hilario Barrero es un agudo observador de esa vida que pasa por ahí, por su lado, y sabe atraparla memorablemente en las páginas de su diario… Nueva York, sí, al fondo. Entre medias, la literatura, la buena literatura.

Ovidio Parades, Estoyu, revista de llibros.

 

“Dirección Brooklyn” es un texto que exige varias lecturas, una primera que te engancha y te lleva, día a día, hasta el final, como si de un libro de aventuras fuera, y otra que reclama la reflexión necesaria para descubrir la vida, obras y milagros de un maestro de la palabra y del verso y solazarnos en el gozo y el placer. Y en una lectura al bies, una reflexión sobre una de las modernas Torre de Babel.

José Gares Crespo, Qué escriben los poetas

 

El diario de Hilario se construye a base de contrapuntos que siempre dejan, como si de un Jano se tratase, una salida amable o dramática a lo dramático o amable que se acaba de narrar. Y está la poesía, y los viajes (Canadá, Lisboa, Florida, Gijón…), los amigos, los trayectos en metro, el amor, cuyo tú convierte al diario en una confesión privada, y la ópera, la ópera. Se sale del laberinto, pero ya nos llevamos impregnada en la ropa y el cuerpo parte de las esporas que componen la vida, narrada, de Hilario Barrero.

Marcos Taracido, Libro de notas.

 

Leo ‘Dirección Brooklyn’, el último diario de Hilario Barrero, que se corresponde con los años 2006-2007. Tiene una página merecedora de ocupar un lugar en cualquier antología literaria exigente sobre el hórreo: «Entrar en el hórreo es como entrar en la cueva de Altamira del silencio, en la capilla Sixtina de la sombra, en una iglesia románica con olores a incienso y velas. Entrar en el hórreo es entrar en un laberinto donde la muerte cuece manzanas para las tinieblas».

Francisco Álvarez Velasco, El Comercio