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Entrevista en video a Ana Vega en Asturias Opinión, hablando de “El Cuaderno Griego“. Para verla, desaparezca por aquí.

Presentación en la Librería Cervantes de Oviedo, martes, 11 de noviembre de 2008

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(fotos cedidas por Jose Havel)

presentación de Ana Vega

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Librería Cervantes de Oviedo, martes 11 a las 19:30 h.

 

Hay una serie de autores jóvenes en los que la frialdad aparece como un rasgo notable de su escritura, tanto por su temática como por el tratamiento escéptico y distanciado que hacen de la misma, y, al mismo tiempo, por el desapego de los recursos estilísticos tradicionales que observamos en su prosa, ofreciendo al lector unos escritos desnudos, descarnados; muchas veces, además, dolorosamente cerebrales. Los escritores del siglo XXI han leído; tienen la perspectiva peculiar de un siglo desastroso como el que dejamos atrás, en el que la guerra no dio respiro al hombre ni a su reflexión sobre él mismo; se alimentan de las diezmadas despensas posmodernas; y sufren, en distintos grados, el problema de la identidad, desde el momento en que todas las creencias religiosas, éticas, políticas o nacionales que vertebraron la generación de los padres de estos autores se han puesto en tela de juicio, lo que, a su vez, ha conducido a una redefinición de los roles del hombre y la mujer que acentúa ese problema identitario. La economía y su orquestación del culto la imagen se han convertido en el gurú de referencia de nuestros jóvenes. En nuestra literatura, como digo, no es difícil encontrar autores que parecen niños prisioneros de la Reina de las Nieves, el personaje del cuento infantil de Hans Christian Andersen (1805-1875), lo que no supone un demérito sino una constatación estética y tal vez ética. Cabe recordar cómo comenzaba este cuento: “Atención, que vamos a empezar. Cuando hayamos llegado al final de esta parte sabremos más que ahora; pues esta historia trata de un duende perverso, uno de los peores, ¡como que era el diablo en persona! Un día estaba de muy buen humor, pues había construido un espejo dotado de una curiosa propiedad: tolo lo bueno y lo bello que en él se reflejaba se encogía hasta casi desaparecer, mientras que lo inútil y feo destacaba y aún se intensificaba (…)”.

En Ana Vega (Oviedo, 1977), la gelidez alcanza su máxima expresión. El Cuaderno Griego es el primer libro de la escritora, en el que se recogen una serie de aforismos y relatos que escribió en su momento en un cuaderno en blanco regalo de un viaje a Grecia. El clima al que nos transportan sus páginas se aleja, sin embargo, del generoso calor mediterráneo para invitarnos a caminar por una estepa displicente, rigurosa, interminable, junto al No muerto, su alter ego. Además, encontramos unos cuantos poemas que nos sorprenden a lo largo de la lectura: “La luz se ha apagado/ en el cuarto,/ no hay nadie./ La oscuridad te deslumbra/ como una piedra preciosa./ Se te clava en todas partes./ Te invade ese presentimiento/ de las cosas muertas,/ los muebles viejos./ La llegada de ese determinado/ momento/ en el que todo ha sido./ Ya nada te pertenece”. Son poemas que la autora va dejando caer como para iluminarnos el camino, casi milagrosas auroras boreales.

Tal y como otros parecen cincelados en mármol, estos aforismos están cincelados en hielo. “Dinámica del frío” es la primera parte del libro, la que reúne los aforismos y que retorna posteriormente, alternándose con la sección de los cuentos titulada “Sombras”. Y resulta apropiada esta idea de retorno, pues la propia autora desea lo que Nietzche a sus lectores para estas reflexiones duras, buen diente. De este modo, Ana Vega demuestra sabiduría en la dosificación del material que nos entrega, ya que, si consideramos la lectura de este libro un camino, los cuentos nos salvan de la extenuación a la que nos lleva en su recorrido por la realidad más expuesta y desarropada. Las ficciones que se intercalan inciden en el color, y en ellos se aprecia agilidad, vigor y una ausencia de retórica que las convierte en esenciales. “Instinto”, “Chocolate azul”, “Transportador de Ángulos”, “La decisión” o “Papá vuelve a casa” son ejemplos perfectos de que nos encontramos frente a una escritora que, como las mejores plumas, se sale del tópico e introduce el cuchillo en la herida de la realidad.

Un libro breve pero denso, con puertas a otros escritores y directores como Marguerite Duras, Herman Hesse, Albert Camus, Giusseppe Tornatore, Julio Médem, Kafka… El Cuaderno Griego es un ejercicio sobre la soledad, el dolor, el sufrimiento de las mujeres y la superación, afrontado con valor y humanidad. Indispensable.

 

Reseña publicada originalmente en el periodico La Nueva España, en su suplemento Cultura, jueves, 25 de septiembre de 2008.

 

«El cuaderno griego» (Universos) ye’l primer llibru de la escritora Ana Vega (Uviéu, 1977), una autora yá bien conocida en dellos círculos lliterarios d’Asturies que «debuta» estos díes nes llibreríes. Collaboradora de publicaciones como Clarín o’l suplementu Cultura de La Nueva España y articulista de la edición dixital de LES NOTICIES, fala nesta entrevista de la so obra y la so poética.

 

-«El cuaderno griego» ye’l so primer llibru, anque hai tiempu qu’usté yá ye conocida nos círculos lliterarios asturianos polos textos que vien publicando en periódicos y revistes. ¿Por qué nun se decidiera a dar esti pasu hasta agora?
-Publicar nun ye fácil, y más si tienes ente manes un llibru como ésti, que ta bien malu de clasificar. Yo mesma nun sabría cómo lu catalogar, porque nél hai relatos, reflexones, sentencies…-¿Siguen siendo les revistes lliteraries una bona manera de dase a conocer na dómina d’Internet y los blogs?
-Creo que tienen la mesma importancia que teníen enantes. Con un blog entres en contactu con muncha xente d’una manera distinta, pero les revistes lliteraries y los puntos d’alcuentru siguen siendo fundamentales pa conocer otros autores, otres formes d’expresase, otros métodos d’escritura… Cada cosa tien el so espaciu, y les dos son importantes.

 

 

Un cuadernu perdíu
-¿Por qué el títulu d’«El cuaderno griego»?
-Cuando yera neña escribía a toles hores. Facía llibrinos que cosía yo mesma, escribía los mios propios periódicos, que teníen hasta publicidá y pasatiempos, y tenía un llibru blancu onde diba apuntando les mios coses y que perdí cuando tenía seis o siete años. Un día, muncho depués, conté-y esta historia a un amigu y él compróme nun viaxe a Grecia un cuadernu nel qu’empecé a escribir. D’ehí surdió’l títulu. «El cuaderno griego» supúnxome un trabayu de cinco o seis años. En realidá yeren unes cuatrocientes páxines que fui puliendo enantes de dar el llibru a estampa hasta dexales en ciento cincuenta.-Ye interesante la estructura del llibru, basada en dos grandes bloques que, aparte de ser fragmentarios por ellos mesmos, van distribuyéndose en delles partes a lo llargo de la obra…
-Sí. Cuando empezó, el llibru yera un tou. «El cuaderno griego» namás diba tar constituíu polo qu’agora ye una de les partes del llibru, la que se titula «Dinámica del frío», pero al lleelu y reflexonar sobre él y mirar el llibru d’otra manera, depués de que’l textu reposara, parecióme un poco difícil y pensé que quiciás meter les dos partes de relatos diba aliviar un pocoñín el pesu. Tenía mieu de qu’al metelos rompiera un poco la tensión del conxuntu, pero de la que los diba metiendo dime cuenta de que los relatos cumplíen la finalidá que yo buscaba y amás taben na mesma llinia que «Dinámica del frío».

 

 

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Hoy, a las siete de la tarde, en el Club de Prensa de La Nueva España de Oviedo.